El chupete, ¿aliado o enemigo?

chupete

El chupete, tal y como indica su nombre en inglés, “pacifier”, es un pacificador, un tranquilizante para los más pequeños. El tete, o el pulgar como sustituto de este, calma al bebé y sacia su necesidad de succionar, más fuerte durante sus primeros meses de vida. Hasta aquí, nada nuevo para ninguno de nosotros. Sin embargo, la polémica está servida: ¿Hasta cuándo puede un niño utilizarlo sin que vaya a afectar a su salud bucodental?

En principio, el chupete no debería ser causante de malformaciones dentales si el niño lo abandona antes de los tres años. Durante los dos primeros años de vida, su mundo gira en torno a su boca: come, muerde o intenta morder cualquier cosa y todo lo que coge se lo lleva a la boca. El bebé tendrá una necesidad de succión no nutritiva que saciará con el chupete. Sin embargo, a medida que el niño se va desarrollando, esa necesidad irá desapareciendo. Por tanto, se debe intentar disminuir el uso de este “calmante” a partir de los dos años de edad. Los datos de diferentes estudios muestran que, si se deja de usar a los tres años, los perjuicios que el chupete pudiera haber causado sobre la dentadura son reversibles.

Por otro lado, su uso prolongado en el tiempo sí que puede llevar al desarrollo de malformaciones. Con lo cual, el problema vendría cuando el niño continúa usando chupete o su propio pulgar a partir de los tres años de vida. En este caso, se podría producir un desplazamiento del maxilar superior, que podría a su vez traer problemas relacionados con la masticación o incluso con la pronunciación.

Como siempre, visitando regularmente al odontólogo podremos prevenir cualquier problema que se pudiera desarrollar en la boca de los más pequeños. Ahora que estamos en plena vuelta al cole, es un buen momento para visitarnos. ¡Os esperamos!

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